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La USWNT y el primer mundial de Fútbol Femenino

Un 30 de Noviembre de 1991, la USWNT levantó su primera Copa del Mundo en la que era también la primera edición organizada por la FIFA

Aunque organizaciones independientes a la FIFA organizaron antes varias ediciones mundialistas, la de 1991 fue la primera que el gran organismo del fútbol mundial preparó. Desde entonces se han disputado siete mundiales más, de los cuales tres han terminado en manos de Estados Unidos, cuatro si contamos el de 1991. 

La edición de 1991 llegaba con dudas y con China como sede y como equipo favorito ante todos los factores, finalmente ‘The Stars and Stripes’ se adelantaron a las anfitrionas y marcaron huella en su competición fetiche. Fue curiosamente la región de Wuhan, epicentro del Covid-19, donde nació el primer mundial de fútbol femenino. No más de seis estadios acogieron el campeonato.

El técnico de Estados Unidos era por aquel entonces, Anson Dorrance, primera entrenador de origen americano en sentarse en el banquillo del equipo femenino. La final del torneo se decidió entre Noruega y la que terminaría por ser campeona, Estados Unidos. Las norteamericanas vencieron 2-1 a las europeas, sus eternas rivales. Siempre se habla de que Estados Unidos estuvo en la cima del ‘FutFem’ desde el inicio, pero según Dorrance, esto no es más que una falsa conspiración: “Escalamos la montaña, plantamos nuestra bandera en ella, y la hemos defendido desde entonces”. Palabras de la ex entrenadora estadounidense.

A pesar de tratarse de una edición con no más de 12 participantes y de lograr ganar todos los encuentros del campeonato, las de Dorrance encajaron cinco goles, una cifra solamente superada por los siete encajados en las ediciones de 2007 y 2011. El equipo logró hacerse con su primera estrella gracias al hecho de anotar 25 goles en seis partidos, una media de cinco tantos por partido. Promedio que nunca se ha vuelto a lograr en esta selección. De estas 25 dianas, 20 fueron anotadas por las tres atacantes estrellas del equipo: Michelle Akers, Karen Jennings y April Heinrichs. 

Algo que se mantiene como tradición en todas las Copas del Mundo organizadas por la FIFA, es el debut de la anfitriona en el partido inaugural. El primer equipo en jugar  en una edición mundialista es siempre el país anfitrión, en aquella ocasión le tocó a China ser la anfitriona, es por eso que las asiáticas pueden presumir de haber anotado el primer gol en la historia de la competición, un gol que llegó de las botas de Ma Li, en la victoria de su equipos ante Suecia. 

La afluencia de público era mayor a lo esperado, China demostró su gran compromiso y admiración al deporte femenino, aunque finalmente fue Estados Unidos quien se llevó el Mundial. En los estadios del sur-este chino, se acogieron hasta 510.000 espectadores, de los cuales 75.000 formaban parte de la final. 

La estrella de aquella selección no podía ser otra que Michelle Akers, la cual anotó diez goles en aquel torneo y la autora de los dos tantos de la final. La de 1991 se trata de la edición más tardía de la historia de la Copa del Mundo, ya no sólo femenina, sino que en comparación con la masculina también lo es. Habitualmente los mundiales se disputan en verano, en esta ocasión se disputó en pleno invierno, desde el 16 de Noviembre hasta el 30 del anterior mes.

El Camino de Estados Unidos hasta hacerse con su primera estrella 

Con 12 selecciones era difícil elaborar un formato que sorprendiera, por lo que la FIFA apostó por lo tradicional, una Fase de Grupos formada por tres Grupos y cuatro equipos por grupo. Los equipos que por aquel entonces obtenían su billete a cuartos de final, eran los dos mejores de cada grupo y los dos mejores terceros de la competición.

Imagen
USWNT-1991

El hecho de que el Fútbol Femenino fuera por aquel entonces, un arte que vivía en la sombra de muchos, hacía que los entrenadores tuvieran pocos recursos y poca información sobre el resto de selecciones. No obstante, Estados Unidos y Noruega ya se hacían conocer como los gigantes. En el grupo de las ‘yankis’, figuraban: Suecia, Brasil y Japón, tres nombres que al menos a día de hoy tienen armas suficientes para estar entre los grandes de este deporte. 

«Éramos un grupo de ‘chavalas’ que se juntaban procedentes de institutos y universidades. No sabíamos qué esperar ni cómo iba a ser.»

Carin Gabarra, jugadora de Estados Unidos.

Estados Unidos superó la fase de grupos sin aparentes problemas. Tan sólo encajó dos goles y anotó hasta 10 tantos. Suecia fue el único rival que pareció estar cerca de tumbar a las de Anson Dorrance. En cuartos de final, el rival a batir fue Taiwán (China Taipei), un país con varios conflictos políticos, que llegaba al torneo como selección invitada y que terminó sorprendiendo de manera positiva. El marcador final fue de 7-0 y Michalle Akers contribuyó en cinco de los siete tantos. 

En Semifinales el nivel aumentó de manera drástica y tocaría presenciar un duelo ante Alemania, aquel encuentro entre estadounidenses y germanas era para algunos una final anticipada, el resultado final fue de 2-5 a favor de U.S.A. Los goles fueron anotados por Jennings y Heinrichs, las dos acompañantes de Akers en la tripleta de ataque norteamericana.

La final fue el partido más sufrido de Estados Unidos. El equipo americano superó a Noruega por 2-1. Las ‘vikingas’ llegaban a la final con peores números, pero con jugadoras con también bastante renombre y junto a Suecia siendo una de las pocas federaciones que reconocían el fútbol femenino como profesional, algo de lo que ni siquiera Estados Unidos podía presumir por aquel entonces. 

Noruega-Estados Unidos, el ‘clásico’ de los inicios del Fútbol Femenino. Las nórdicas dominaron el encuentro y la posesión del balón, pero el gran físico y el juego directo de las ‘yankis’, le brindó el primer tanto de la noche a las norteamericanas. Un cabezazo de Noruega puso las tablas en el marcador. Con empate a uno en el electrónico y con los penaltis pintados como una realidad muy cercana, la estrella del torneo, Michelle Akers hizo el definitivo 2-1 gracias a una acción de gran picardía por su parte. 

Estados Unidos y una delantera para la historia

El fútbol en Estados Unidos siempre se ha destacado por generar grandes nombres de ataque, las primeras grandes estrellas del ‘soccer’ llegaban a China como futbolistas de ligas universitarias y se marcharon como pioneras de este deporte. La tripleta ofensiva del conjunto de Anson Dorrance estaba formada por: Michelle Akers (10 goles), Carin Jennings (7 goles) y April Heinrichs (3 goles), las cuales marcaron 20 de los 25 tantos del equipo. Akers fue nombrada en 1999 junto a Sun Wen, la mejor jugadora del S.XX. 

La prensa China bautizó al ataque de Estados Unidos como: ‘La espada de triple filo’. Lejos de los terrenos de juego, Akers también tuvo sus más y sus menos con Noruega: “Odiábamos a Noruega. Siempre la habíamos odiado”, confesó Akers a Sports Illustrated. “Sus jugadoras eran buenas, eran duras y marrulleras, te hablan sin pelos en la lengua. Las odiaba, pero era divertido. Me encantaba odiarlas. Era genial.”

Akers llegó al mundial con 23 años y formó parte de la Universidad de Florida, donde fue nombrada hasta en cuatro ocasiones la mejor delantera de las ligas universitarias. Los éxitos más allá de la selección, destacan sobretodo en el palmarés de Carin Jennings-Gabarra, en el sistema de ligas de California fue seleccionada hasta en tres ocasiones como las jugadora más valiosa. Posteriormente ficharía por Santa Bárbara, donde logró el récord de goles en una temporada, un total de 34 tantos en un mismo curso y 102 goles durante su paso por la NCAA. Una media de 1.3 goles por partido. 

¿Sabiás Qué?

Como ya hemos mencionado anteriormente, Akers, fue la máxima goleadora del torneo con 10 goles. Le seguía la noruega, Heidi Mohr con siete tantos. Carin Jennings logró el Balón de Oro en 1991, mientras que Akers se hacía con el Balón de Plata. Quizás se hecho bastante en falta más reconocimiento para selecciones como Alemania o Suecia que para muchos fueron los equipos revelación. 


En aquel mundial, la seleccionadora brasileña, Claudia de Vasconcelos, entró en la historia del deporte femenino después de convertirse en la primera mujer entrenadora en dirigir un partido en una Copa del Mundo, su selección, Brasil, se quedó en cuartos de final. La gran decepción del torneo no fue otra que China, las anfitrionas lo tenían todo a favor para hacer historia en Wuhan, pero una mala tarde en cuartos de final las condenó al fracaso. Dejando así el camino despejado a Estados Unidos para que estas se alzaran con su primera estrella.

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